De la apertura comercial a la oposición política. Razones económicas, agrícolas y sociales son las que están detrás de la negativa francesa a firmar el tratado
Durante más de veinte años, el acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y el Mercosur ha sido presentado como uno de los proyectos más ambiciosos del comercio internacional contemporáneo. Un tratado destinado a unir dos grandes bloques económicos —Europa y Sudamérica— bajo la promesa de crecimiento, apertura de mercados y fortalecimiento geopolítico. Sin embargo, a comienzos de 2026, ese proyecto vuelve a encallar con el cambio de decisión de Francia.
El presidente Emmanuel Macron, que en un inicio se mostró abierto a la firma del acuerdo bajo determinadas condiciones, ha terminado por anunciar que Francia no lo ratificará en su forma actual. La razón es una acumulación de factores económicos, sociales y políticos que reflejan una tensión profunda dentro de la propia Unión Europea.
Un acuerdo histórico… pero inacabado
El acuerdo UE-Mercosur, negociado desde finales de los años noventa y anunciado políticamente en 2019, pretende crear una de las mayores zonas de libre comercio del mundo, abarcando a cerca de 780 millones de personas. Incluye a Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay por parte sudamericana, y a los 27 Estados miembros de la UE.
Su objetivo principal es reducir aranceles, facilitar el comercio de bienes industriales y agrícolas, abrir mercados públicos y reforzar la cooperación económica. No obstante, pese al anuncio político de 2019, el acuerdo nunca ha sido plenamente ratificado, ya que requiere la aprobación de todos los Parlamentos nacionales europeos.
Macron pasa de la defensa al acuerdo, a un apoyo pero condicionado
En los primeros años tras el acuerdo político, Emmanuel Macron defendió públicamente la necesidad de mantener relaciones económicas sólidas con América Latina. Francia no rechazaba el Mercosur como concepto, pero exigía garantías claras en materia ambiental, sanitaria y de competencia leal.
El discurso oficial era el de apoyarse en tres condiciones principales: respeto de los estándares ambientales europeos, cumplimiento de normas sanitarias equivalentes y protección de sectores agrícolas sensibles. Durante un tiempo, el Ejecutivo francés confió en que estas exigencias podrían integrarse en el texto final o mediante protocolos adicionales.
El punto de inflexión llega con las protestas masivas del influyente sector agrícola francés
El verdadero punto de ruptura llegó con la presión del sector agrícola francés, uno de los más organizados y políticamente influyentes del país. Agricultores, sindicatos y cooperativas comenzaron a denunciar que el acuerdo abriría el mercado europeo a productos agrícolas sudamericanos producidos bajo estándares más laxos en materia ambiental, fitosanitaria y laboral.

La preocupación no era solo económica, sino estructural: competencia considerada desleal, riesgo de caída de precios, debilitamiento del tejido rural y pérdida de soberanía alimentaria. A finales de 2025 y comienzos de 2026, estas tensiones se tradujeron en protestas masivas que trasladaron el debate del ámbito técnico al terreno político.
En enero de 2026, Emmanuel Macron confirmó lo que ya se intuía: Francia votaría en contra de la ratificación del acuerdo UE-Mercosur en su forma actual.
Según el Ejecutivo francés, el impacto positivo del acuerdo sobre el PIB sería limitado, mientras que los riesgos para la agricultura y el empleo rural resultaban elevados. A ello se sumaba la falta de garantías efectivas sobre la aplicación de cláusulas de salvaguardia y el cumplimiento de estándares equivalentes por parte de los países del Mercosur.
El rechazo abarca toda la política francesa
La oposición al acuerdo no se limita al Ejecutivo. La Asamblea Nacional francesa aprobó resoluciones instando al gobierno a oponerse al tratado. El rechazo atraviesa el espectro político, desde la izquierda hasta la derecha, aunque con argumentos distintos.
Desde sectores progresistas se subraya el impacto ambiental y social del acuerdo; desde posiciones más conservadoras o soberanistas se insiste en la pérdida de control sobre la política agrícola y comercial. Este consenso negativo convierte la ratificación en políticamente inviable.
Francia se enfrenta a Europa
Mientras varios Estados miembros de la UE respaldan el acuerdo, Francia ha intentado articular una minoría de bloqueo dentro del Consejo Europeo. Aunque no todos los países comparten su rechazo frontal, sí existe un debate creciente sobre la necesidad de revisar el texto y reforzar las garantías.
Esta situación pone de manifiesto una fractura interna en la Unión Europea entre una visión tecnocrática del libre comercio y las realidades sociales y territoriales de los Estados miembros.
Reacciones internacionales y tensiones diplomáticas
Desde América Latina, la postura francesa ha sido recibida con frustración. Algunos líderes sudamericanos han acusado a Francia de proteccionismo encubierto y de frenar un acuerdo considerado estratégico para la región.
Desde Bruselas, la Comisión Europea insiste en que el tratado es clave para reforzar la posición global de la UE en un contexto de competencia internacional. No obstante, incluso dentro de las instituciones europeas se reconoce que la ratificación sin el respaldo francés resulta políticamente compleja.
¿Qué está en juego?
Más allá del acuerdo UE-Mercosur, el caso francés plantea una cuestión de fondo: hasta qué punto el libre comercio puede avanzar si entra en conflicto con la cohesión social, la agricultura y la soberanía económica.
El giro de Macron refleja una tendencia más amplia en Europa, donde los grandes acuerdos comerciales ya no se evalúan únicamente por sus beneficios macroeconómicos, sino por su impacto real sobre los territorios y los sectores más expuestos.
El acuerdo UE-Mercosur sigue siendo un proyecto abierto, pero profundamente cuestionado. Francia no ha cerrado definitivamente la puerta, aunque ha dejado claro que no firmará el tratado tal como está planteado en la actualidad.
La posición francesa funciona como una advertencia: el comercio internacional de este siglo, difícilmente puede construirse de espaldas a quienes viven directamente sus consecuencias.
Belén de León
Directora de NLG en Francia
Analista y observadora entre Europa y América Latina
